Prolapsos pélvicos: causas, síntomas y cuándo consultar

Los prolapsos pélvicos pueden provocar síntomas como presión en la pelvis, sensación de sentarse sobre una pequeña pelota, dificultad para orinar, pérdida de orina o incluso retención urinaria. Estos ocurren cuando los músculos, ligamentos o tejidos que sostienen los órganos del área pélvica pierden fuerza o sufren alguna lesión.

Cuando esto sucede, órganos como la vejiga, el útero, el recto o la vagina pueden descender de su posición normal. La gravedad del prolapso depende del órgano afectado y del grado de descenso.

Los síntomas pueden volverse un poco más notorios al estar de pie y desaparecer al recostarse. Hay que añadir que pueden ser evidentes al toser o hacer algún esfuerzo o incluso, no presentar síntomas hasta envejecer.

Aunque estos síntomas pueden causar preocupación, lo más importante es acudir con un especialista para obtener un diagnóstico adecuado. En CUAN Hospital contamos con atención médica especializada para valorar este tipo de padecimientos y ofrecer el tratamiento más adecuado.

De acuerdo con cifras de la Oficina para la Salud de la Mujer en Estados Unidos, el 37% de las mujeres con padecimientos del suelo pélvico tienen entre 60 y 79 años. Además, las mujeres que han tenido varios partos vaginales pueden tener mayor probabilidad de desarrollar un prolapso, ya que el suelo pélvico puede debilitarse con el paso del tiempo.


¿Cuándo debo consultar al especialista?

Es recomendable acudir con un especialista si presentas alguno de los siguientes síntomas:

  • Ver o sentir un bulto que sale de la vagina.
  • Sensación de presión en la pelvis.
  • Perdida o retención excesiva de orina.

Causas:

Los prolapsos son consecuencia de la pérdida de fuerza, elasticidad o soporte de los músculos del suelo pélvico. Esta debilidad puede tener distintos orígenes.

Entre las causas más frecuentes se encuentran:

  • Sobrepeso.
  • Estreñimiento crónico.
  • Tos crónica.
  • Embarazos.
  • Uno o varios partos vaginales.
  • Labor de parto difícil.
  • Bebés de gran tamaño.
  • Levantar objetos pesados.
  • Realizar ejercicios muy intensos sin soporte adecuado.
  • Antecedentes familiares.
  • Lesiones en el área pélvica.
  • Cirugías previas en la zona pélvica.

Estos factores pueden aumentar la presión sobre los músculos pélvicos o debilitar los tejidos que sostienen los órganos, favoreciendo el descenso de las estructuras pélvicas.

Síntomas:

Los prolapsos leves pueden no causar síntomas o generar molestias mínimas. Sin embargo, cuando el prolapso avanza de moderado a grave, los síntomas suelen hacerse más evidentes.

Entre los síntomas más comunes se encuentran:

  • Sensación de jalones en el área pélvica.
  • Presión o peso en la pelvis.
  • Incontinencia urinaria.
  • Retención de orina.
  • Dificultad para defecar.
  • Sensación de sentarse sobre una pequeña pelota.
  • Sensación de que algo cae desde la vejiga o la vagina.
  • Tejido que sobresale por la vagina.
  • Incomodidad al caminar, estar de pie o hacer esfuerzo.

Si estos síntomas aparecen o aumentan con el tiempo, es importante acudir a una valoración médica.


¿Qué especialistas debo consultar?


Tener un prolapso no siempre impide mantener una vida sexual activa. Sin embargo, si las relaciones sexuales provocan dolor, presión, incomodidad o sensación de bulto, es recomendable pausarlas y consultar con un especialista. Por eso es importante conocer las causas y síntomas de los prolapsos para identificarlos y tener cuidados preventivos ante los mismos.

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